Pérdida de calor en la tubería

Las tuberías que distribuyen un fluido de calefacción pierden parte de su calor cediéndolo al entorno. Esta pérdida de calor provoca una refrigeración no deseada del fluido que circula por las tuberías.

Esta pérdida de calor provoca una refrigeración no deseada del fluido que circula por las tuberías. La pérdida de calor puede resultar aceptable si las tuberías se encuentran ubicadas dentro de un espacio calefactado. Sin embargo, esta forma de transferencia de calor resulta indeseable, ya que no se puede regular y puede no resultar necesaria durante la mayor parte del año. Se pueden minimizar las pérdidas de calor de las tuberías aislándolas y ajustando la temperatura del fluido en relación a la temperatura exterior. La cantidad de aislamiento necesaria depende de la temperatura del agua y de las horas anuales de funcionamiento de las tuberías.

La pérdida de calor también se puede producir cuando circula un fluido muy frío. En dichas situaciones, las tuberías se aíslan para impedir el calentamiento del fluido debido al calor traspasado por el entorno, y para evitar la formación de condensación o la formación de hielo en la superficie externa de la tubería.

Las tuberías de distribución de calefacción urbana pierden una cantidad considerable de calor. La pérdida puede alcanzar hasta un 20–25 % de la carga de calor total del sistema de calefacción urbana, hecho que puede afectar severamente el buen funcionamiento del sistema.





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